Maria Mingot | Blog
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La chica que no podía dar abrazos.

 

Y de aquella maceta apareció una de las cosas más extrañas que había visto en mucho tiempo. Era nada más y nada menos que ¡una chica! Una chica estaba creciendo en la maceta de mi balcón como quien no quiere la cosa. Pero esta chica no era una planta normal, parecía una especie de cactus, ya que de sus brazos brotaban espinas, espinas bien afiladas que impedían que nadie se pudiera acercar.

Ella miraba al mundo con una especie de tristeza y desprecio al mismo tiempo, pues nada podía acercarse a ella, y ella tampoco parecía entusiasmarle la idea de que nada pudiese tocarla, pero no obstante aquellas espinas la dotaron de una gran protección, pues nada ni nadie le podía hacer daño. Siempre en guardia y preparada para poder defenderse.

Pero yo seguí como siempre cuidando de mis plantas, fijando especial atención en esta rareza de cactus que me había crecido en el balcón. Así que me puse a leer sobre como cuidar un cactus, ya que nunca antes había tenido uno, y pese a lo que muchos piensan de que un cactus es fácil de cuidar, hay muchos pequeños detalles que hay que tener en cuenta, como no echarle demasiada agua, regarlo solo en ciertas ocasiones, poner el agua sobre la tierra y un largo etc. Así que poco a poco aquel cactus empezó a hacerse cada vez más grande y más bonito. Pero la cara de aquella chica-cactus seguía sin cambiar, hasta que un día algo extraño pasó, y vi como mientras la regaba y limpiaba su cesto, uno de sus brazos se movió e intentó tocarme. La miré, y pensé que aquello era una especie de abrazo para agradecerme todo lo que hacía por ella, pero actué como si nada y seguí con lo mío.

A los días algo parecido ocurrió, pero esta vez más evidente. Acercó sus dos brazos para darme un abrazo, pero aquel escudo de espinas era tan grande que lo único que podía sentir es como me atravesaban. Su mirada era cada vez más triste, pero yo no podía hacer nada contra aquella barrara que había creado.

P.D: Puede ser que continue… o no….

Sleepyhead

«Domesticados»


«Eres responsable para siempre de aquello que has domesticado»

 

«- ¿Qué significa domesticar?

– Es algo demasiado olvidado- dijo el zorro. – Significa crear lazos.»

 

 

El Principito Antoine de Saint-Exupéry

 

 

Y nuestras vidas al final no son solo nuestras, formadas por tantos recuerdos, protagonizados por todas las personas con las que hemos crecido y vivido. Unas pasan despacio a tu lado y a penas las puedes recordar, otras te marcan en lo más profundo y no hace falta que cierres los ojos para poder verlas. De algunas aprendes grandes lecciones que posiblemente hayan hecho que seamos quienes somos. Otras la mantendrías eternamente si pudieras sin soltarles nunca de la mano, pero el tiempo se las lleva a lugares lejanos donde solo en sueños puedes visitar. Creamos lazos, repartiendo pedazos de uno mismo en diferentes personas, quien sabe quienes son ahora, y que sabrán ellos de quien somos nosotros en este momento, pues todos seguimos caminando hacia lugares que desconocemos.

Pero así avanzamos, creando lazos que un día por que sí se rompen, y lazos que sin darte cuenta han pasado más de 20 años y esa persona sigue a tu lado. O tal vez lazos en los que a veces te preguntas quien es esa persona que ves todos los días a tu lado, pero que realmente es para ti un desconocido. O simplemente lazos que se crean con la persona más inesperada de la noche a la mañana.  Y lazos que tristemente te das cuenta que existen cuando ya es demasiado tarde para cuidarlos.

Aun así todo ese tiempo, ya sea poco o mucho, es lo que hace que esas personas sean las que hayan formado parte de tu vida. Y ese tiempo invertido es el que hace que sean únicas.

 

Sleepyhead

In pieces

Y al final no somos más que fragmentos de una vida vivida, en la que nuestras partes quedan repartidas en diferentes lugares del universo. Por los rincones inhóspitos, quedan escondidos recuerdos de todo lo que hoy nos hace ser quien somos.

Sleepyhead

En estado de descomposición

Plantó una semilla en su interior, en el lugar más oscuro, donde nadie la pudiese encontrar jamás.

Aquella semilla sin darse cuenta empezó a crecer, pero la luz no podía entrar, ni el agua podía regarla. Así que aquella semilla se alimentó de toda la oscuridad que habitaba en ella, creciendo cada vez más y más.

Hasta que un día la raíz de aquella semilla entró en estado descomposición pudriendo todo aquello que se encontraba a su paso, sin dejar nada vivo en su interior.

Sleepyhead

 

bixus

¡Hola mundo!

Hola a todos!

Quería empezar a hacer un blog, en el que poder colgar un poco de todo aquello que me interesa, y poder unir aquello que más me gusta, dibujar y escribir. Espero que os guste y que disfrutéis conmigo al igual que yo disfruto al hacerlo y compartirlo con todos aquellos que estáis ahí detrás de vuestras pantallas. Hoy solo os traigo un pequeño sketch para practicar. Nos vemos a la próxima.

Sleepyhead

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